La producción de carne en todo el mundo supera los 300 millones de toneladas al año, llevando al límite los recursos del planeta.

La actividad ganadera emite más CO2 a la atmósfera que todo el sector transportes mundial y es una de las principales causas de la deforestación, el consumo de agua, la pérdida de hábitats y la extinción de especies. ¿Necesitas más razones para unirte al 20-M?

 

La reducción drástica del número de animales destinados a consumo humano es clave para lograr los objetivos climáticos.

En la actualidad, la ganadería es responsable del 14,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero, más que todo el sector del transporte mundial. Según la FAO, el nivel de producción de carne en todo el mundo supera los 300 millones de toneladas al año, y la tendencia sigue imparable. Si la demanda continúa así, la cifra podría aumentar a 455 millones de toneladas para 2050, algo imposible debido a los recursos limitados de nuestro planeta.
La producción de alimentos de origen animal consume considerablemente más recursos que los alimentos de origen vegetal, debido a la ineficiente conversión de la proteína y a la gran cantidad de agua, suelo y energía consumida durante su producción. Además, la ganadería copa la mayor parte del total de las tierras del planeta: el 80% se destina a pastoreo y tierras de cultivo. “Los países industrializados no podrán alcanzar sus objetivos de protección climática sin una reducción significativa del consumo de productos de origen animal”, explica Cristina Rodrigo, portavoz de ProVeg España, la organización Internacional para la conciencia alimentaria. La reducción drástica del número de animales destinados a consumo humano es, por tanto, la pieza clave para que los países alcancen los objetivos climáticos del Acuerdo de París.

En España, la ganadería es responsable del 12,6% de los gases efecto invernadero, lo que le convierte en el primer emisor de metano, sin incluir las emisiones derivadas de la industria ganadera como el trasporte o los pastizales empleados para alimentar al ganado. Solamente el sector energético emite más gases. En este sentido, ProVeg defiende la necesidad de un cambio radical tanto en la producción de alimentos como en nuestros hábitos de consumo para garantizar la sostenibilidad del planeta y proteger el medio ambiente.

Durante la pasada Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático (COP23) numerosos expertos y científicos mostraron alternativas a la producción de alimentos para detener el calentamiento global de manera rápida y efectiva, además de aportar beneficios cuantificables de sostenibilidad ambiental y protección de la salud. Según uno de los últimos estudios sobre cambio climático, publicado por el portal de contenido científico Elsevier, si se redujera a la mitad el consumo de carne, lácteos y huevos en la Unión Europea, se lograría disminuir en un 25-40% la emisión de gases de efecto invernadero y se utilizarían un 23% menos de tierras de cultivo per cápita.

El patrón occidental de consumo diario de carne es un desarrollo muy reciente. Hace sólo dos generaciones, la mayoría de las culturas que comen carne en el mundo comían carne sólo una vez por semana o en ocasiones especiales. Sólo se necesitan unas pocas décadas para que las culturas se adapten a los nuevos hábitos alimentarios, por lo que ProVeg considera que su objetivo de reducir el consumo de animales en un 50% para 2040 da a las sociedades y economías el tiempo que necesitan para hacer esta transición de manera inclusiva y gradual.

Durante este periodo, la organización busca ayudar tanto a los productores de alimentos como a los consumidores para adaptarse a un mundo cambiante, a la realidad del cambio climático y a la creciente necesidad de un mo-delo económico sostenible. ProVeg cree en alternativas a la carne basadas en plantas para asegurar que las comunidades agrícolas aún tengan un futuro brillante, cultivando granos, legumbres y verduras.