lunes, diciembre 6, 2021
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    LA GARGANTA DEL DIABLO IGUAZÚ

    Mi experiencia en uno de los lugares más impresionantes del mundo.

    Van pasando los años y voy llenando álbumes de fotos, y creo que también el corazón, de lugares que por una u otra razón dejan huella. 

    Este destino es uno de ellos.

    ¿Cómo es posible tanta belleza?

    La naturaleza aquí, en su máximo esplendor, no deja indiferente a nadie que tenga un solo minuto para admirarla.

    Nuevo Nº Septiembre 2021

    Allá donde mire la profunda vegetación rozando el infinito, con multitud de tonalidades en verde, es la única protagonista.  

    Al elegir este destino se llega a un aeropuerto ideal, de esos que con una mirada lo abarcas por completo.

    Todo es frondoso, selvático, húmedo… desde que volando vas oteando la zona y las ganas de aventurarte y descubrir este nuevo mundo van en aumento.

    Parece, a vista de pájaro, que todo fluye sereno y en silencio.

    En breve nos sorprenderá la potencia y sonido de estas caudalosas aguas que son

    Patrimonio de la Humanidad desde 1984. Probablemente sean, además, las cataratas más espectaculares del mundo con sus 275 saltos sobre el Río Iguazú.

    El 80% de las cataratas se encuentran en tierras argentinas y el resto en el vecino Brasil, desde donde las vistas creo son más impactantes. 

    Eterno dilema… ¿desde dónde es mejor?

    Es muy recomendable, una vez aquí, visitarlas desde ambas márgenes.

    Curiosamente harán de triple frontera también con Paraguay.

    Los centros turísticos que podrás visitar en esta muga:

    Puerto Iguazú en Argentina

    Foz de iguazú en Brasil

    Ciudad del Este en Paraguay

    Para comenzar el recorrido por esta vasta zona, de más de 67.000 hectáreas creadas a partir de una erupción volcánica, lo mejor es tener claro la magnitud del enclave que es una de las siete maravillas naturales del mundo.

    Nos sorprende la potencia y sonido de estas caudalosas aguas que son Patrimonio de la Humanidad desde 1984

    Nos situamos en el límite entre la provincia argentina de Misiones y el estado brasileño de Paraná. Esta área protegida destaca por una exuberante vegetación repleta de coloridas flores como orquídeas y palmeras, tupidos helechos, árboles enormes de más de 30 metros con plantas trepadoras y más de 400 especies de aves entre loros, tucanes o vencejos.

    Monos y felinos, así como los atrevidos coatíes, junto a insectos y reptiles, la mayoría protegidos por estar en peligro de extinción, nos hacen intuir el paraíso al que hemos llegado.

    Imagino la sorpresa de Álvar Núñez Cabeza de Vaca allá por 1542 cuando descubrió sus llamados `Saltos de Santa María´ y entró de lleno en la leyenda de la tribu guaraní, autóctona del lugar.

    Bien podría ser una historia de amor eterno con Boi, la diosa con forma de serpiente gigantesca que será nuestra protagonista.

    Desde tiempos ancestrales esta serpiente era la dueña del lugar y la tribu guaraní le debía respeto y dedicación, por lo que cada cierto tiempo debían sacrificar a la más bella joven de las aldeas que el río abarcaba.

    En una ocasión la elegida para este sacrificio fue la bellísima Naipí, enamorada del cacique Tarobá, por lo que antes de que fuera ofrecida en sacrificio decidieron huir juntos.

    La ira se apoderó de Boi y de un fortísimo golpe con su enorme cola de serpiente, partió el río en trozos dando paso a las cataratas que hoy en día conocemos.

    Boi se quedó agazapada en el fondo de la más profunda de las simas, en la llamada `Garganta del Diablo´ al acecho de los arco iris que según nos cuenta la leyenda son Naipí y Tarobá besándose y proclamando su eterno amor.

    Qué bonito, ¿verdad? los guaraníes siguen contando esta historia siempre que tienen ocasión. Doy fe.

    Cierto es que como escenario natural no tiene precio.

    Volver a ver la oscarizada película británica `La Misión´ para dejarse embaucar por la música de Morricone y la bella atmósfera que se logra crear, nos lleva una y otra vez hasta estas cataratas misioneras. 

    Algo de magia sí que deben tener estos torrentes de agua siempre rodeados de una mística neblina.

    Volvamos a la realidad.

    Para recorrer este espacio podremos ir por libre o en alguna de las numerosas excursiones que se ofertan.

    Llegaremos en un pequeño y ecológico tren de madera desde el Centro de Visitantes y una vez allí las diferentes opciones nos harán recrearnos y disfrutar del selvático lugar.

    El paseo por el parque está bien ideado con pasarelas para salvar el caudal. También podemos optar por embarcarnos en una de las lanchas que hay bajo algunos de los saltos, caminar por senderos a diferentes niveles o incluso en helicóptero para una perspectiva más general.

    Se puede optar por alguna visita nocturna a la luz de la luna.

    Caminar por una de estas pasarelas, oír el rugido ensordecedor del agua que va en aumento y lograr llegar hasta unos escasos 50 metros de la Garganta del Diablo, es sin ninguna duda la mejor experiencia de este viaje.

    Ochenta metros de caída libre provocan una energía impactante en este espectáculo de salto.

    Las fotografías se multiplican desde todos los ángulos y resulta tan infinitamente grandioso que no hay imagen que lo avale.

    Hay que notar el agua salpicándolo todo y sentir el sonido de la selva inundando el ambiente. 

    ¡Qué emoción al intuir lo insignificante que resulta el ser humano ante tanta grandeza!

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