La música de República Dominicana alegra el alma y aviva el cuerpo. El merengue, la bachata, el son e incluso la música folclórica son una apuesta segura para animar la cuarentena al tiempo que se descubre algo más sobre la cultura del país.

República Dominicana lo tiene todo, pero no sería lo mismo sin sus ritmos caribeños. Estos compases tan característicos mueven a su gente y son parte intrínseca de su estilo de vida alegre, capaz de embriagar al viajero allá por donde se mueva. Si bien la bachata y el merengue –Santo Domingo ostenta el récord Guinness de mayor número de parejas (422) bailándolo simultáneamente- destacan como los más reconocidos,el son y la música folclórica también son sinónimos de su identidad y no se pueden dejar de lado. 

Nuevo nº Marzo 2020

Ahora que debemos permanecer en casa, descubrir estos ritmos no sólo ayudará a animar nuestro día a día -pues es imposible que sus notas no nos inunden de alegría-, también son una forma de adentrarnos en la cultura dominicana y establecer una primera toma de contacto antes de volver a viajar al destino.

Empezando por el más popular, el merengue, además de ser el baile nacional del país, a día de hoy es uno de los grandes géneros musicales de América Latina. De hecho, la UNESCO lo proclamó Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad en 2016. Sus orígenes se remontan a finales del siglo XIX, surgiendo en los campos dominicanos. Aunque en principio fuera una música que se identificaba con las clases populares, en poco tiempo fue calando entre el resto de la población. En sus inicios se interpretaba con instrumentos de cuerda, que más tarde fueron sustituidos por la güira, la tambora y el acordeón, un trío instrumental que representa la influencia europea (acordeón), taína (la güira) y africana (tambora). Sus letras suelen compartir historias de la vida cotidiana. 

Este reconocido género repleto de vida tiene entre sus máximos representantes a Juan Luis Guerra, Johnny Ventura, Joseíto Mateo, Milly Quezada, Wilfrido Vargas, Fernando Villalona y Eddy Herrera, entre otros.  

La bachata, también original del país, surgió en la década de los 60 y ostenta en la actualidad el reconocimiento de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Su ritmo, que evoca un bolero de cuerda de compás lento, se acompaña con un baile de movimiento sensual, por lo que al principio fue relegado a la música de las clases bajas. No obstante, rápidamente ganó popularidad tanto en la nación como en el extranjero gracias a grandes músicos como Víctor Víctor y Juan Luis Guerra. Cabe destacar también relevantes artistas como Rafael Encarnación, Luis Segura, Luis Vargas y Anthony Santos, quienes han creado preciosas canciones de bachata. Por otro lado, en los 90, el grupo Aventura, liderado por Romeo Santos, fusionó la bachata con otros estilos musicales, dando un tono más moderno que derivó en una mayor proyección internacional. 

Otro de los ritmos imprescindibles de República Dominicana es el son, que mezcla elementos latinos y africanos en forma de bolero. Este género se atribuye al compositor cubano Miguel Matamoros y, dentro del país, empezó a escucharse a finales del siglo XIX en Montecristi y Puerto Plata. Para aquellos curiosos que quieran adentrarse en este ritmo dominicano, Sonia Cabral -conocida como la reina del son-, Grupo Bonyé, El Grupo Maniel o los Hermanos Heredia son de escucha obligatoria. 

Tampoco se puede dejar de lado la música folclórica dominicana, que responde a la influencia de su herencia africana. Estos sonidos tradicionales se pueden escuchar en diversas regiones del país, así como en Carnaval. En Santo Domingo, por ejemplo, la cofradía de Congos de Villa Mella forma una de las expresiones socio-culturales de la tradición africana de República Dominicana y utilizan instrumentos como el doble tambor y las maracas en sus cantos espirituales. 

Da un “paso” más allá

Una vez que la música dominicana invada la casa, es normal que los cuerpos se contagien de sus acordes y los pies comiencen a despegarse poco a poco del suelo. Por eso, una de las actividades que pueden hacer el confinamiento mucho más ameno es aprender a bailar merengue o bachata. Ya sea con la pareja, con los compañeros de piso o, incluso, con los pequeños de la casa, dejarse llevar