El turismo, el peor enemigo de Venecia

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Lo que fue durante mucho tiempo el principal motor económico de un lugar, ahora amenaza con destruir el legado de una de las ciudades históricas del mundo.

 

La bella Venecia ya no es de los venecianos, ahora es de los americanos, chinos, británicos, japoneses o cualquier turista que se pasee por las atestadas calles, ya sean de tierra o de mar. Los lugareños de la antigua ciudad han optado por largarse a tierras más tranquilas por la masiva llegada de millones de turistas durante todo el año, dejando el legado de una ciudad emblema de Italia a punto de hundirse por culpa de su propio motor económico, el turismo.

Un aproximado de 20 millones de turistas llegan hasta la ciudad cada año y a los pocos lugareños que quedan, no les agrada. El poderío de Venecia como uno de los destinos turísticos insignia del mundo se está hundiendo por culpa del descontrol en la entrada de tantas personas a un pequeño espacio. Los turistas se conglomeran en las pequeñas y estrechas calles de Venecia, apenas disfrutan del lugar, van y vienen como rayos, se toman las necesarias fotos y se van. Se acabaron los días en que las personas disfrutaban de los paseos marítimos en góndolas, paseaban por el puente del Rialto o iban hasta la plaza de San Marcos.

A pesar de seguir contando con su belleza arquitectónica, la ciudad ha perdido a gran parte de su población, que en esencia es su cultura y el alma del lugar. Ya no hay bellas casas de italianos, talleres o tiendas locales; ahora hay grandes hoteles y comerciantes extranjeros que se han ido apoderando de Venecia. El propio ministro de Cultura de Italia, Dario Franceschini, se encuentra alarmado y asustado por la pérdida de la verdadera identidad de la ciudad.

El problema con los grandes barcos

En 1951, Venecia contaba con 175.000 ciudadanos; cifra que al 2017 se ha reducido hasta llegar a 50.000 lugareños. La mayoría de los ciudadanos no tienen nada contra los turistas, al contrario les gusta su llegada y son el origen de su capital, pero el problema reside en la cantidad exagerada que llegan al año y señalan que el gran problema está en los grandes barcos, es decir, en los cruceros.

Dentro de esos gigantescos barcos, hay miles de turistas ansiosos por salir a conocer a la perla veneciana, pero la llegada de varios cruceros a la vez, dificultan por mucho la capacidad que tiene la ciudad, causando que los lugareños que no trabajan del turismo, tenga que ocultarse hasta muy entrada la noche cuando la ciudad vuelve a ser suya. A pesar de que los cruceros son un buen incentivo económico, también son un problema, algo que el Gobierno italiano no ha sabido solventar o no quiere hacerlo por el potencial económico que representan, pero de no empezar a legislar el descontrol turístico, de Venecia solo quedaran lindas arquitecturas sin una gota de su verdadera alma.

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Fuente: Mundiario