El sueño de Hollywood… Manual para triunfar en la meca del cine

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Una historia contada por una actriz española, como lo podrían haber hecho muchas otras actrices y actores que, con una maleta llena de sueños, aterrizan en Los Ángeles.

 

Recordemos el número de Gene Kelly en aquel clásico que se llamó ‘Cantando bajo la lluvia’ (‘Broadway Melody’). Nuestro legendario bailarín y protagonista escenifica la llegada a Hollywood de un ‘provinciano’. Es una historia que le sonará a todo aquel que haya visto, este mismo año, la oscarizada ‘La La Land’.

Los Ángeles es la meca del cine, donde el éxito parece estar siempre a la vuelta de la esquina.

Lo que contamos hoy no es la historia de Gene Kelly. Ni la de Penélope Cruz, aunque también es una historia real. Contada por una actriz española, como lo podrían haber hecho muchas otras actrices y actores que, con una maleta llena de sueños, aterrizan en Los Ángeles.

Quizás todos lo hacen desafiando a la historia. A esa misma historia que nos demuestra que, salvo algún nombre escandinavo o alemán, británico o australiano, raro es el actor/actriz que ha triunfado en Hollywood, y ello porque sus lenguas maternas les permitieron tener un inglés aprendido desde su tierna infancia y con la facilidad que su origen les permitía.

Remontándonos al siglo pasado, en Estados Unidos, lo que se dice triunfar-triunfar no lo ha hecho nadie. Ni Maurice Chevalier, Ives Montand, Sophia Loren, Marcelo Mastroiani, Fernando Rey, Francisco Rabal o Gerard Depardieu. Como tampoco lo han hecho Javier Bardem, Antonio Banderas, Penélope Cruz, al menos a la altura de otros, o cambiando de registro Ana Obregón. Sus éxitos han sido o son coyunturales, económicos y temporales. Les dan cachet para poder hacer películas mejor pagadas en el resto del mundo, incluidos sus países. Nada más. ¡Y nada menos!

El milagro del visado

Hoy narramos la historia de una joven actriz que se embarca en la aventura de Hollywood. Su cuesta arriba empieza cuando se dispone a conseguir un visado para poder trabajar legalmente en Estados Unidos. Cuenta con que tiene que demostrar que es ‘indispensable’ y, por supuesto, ‘rentable’. Si se te aparece la Virgen y consigues que una productora te invite a participar en un proyecto concreto, tendrás tres meses para “buscar una oportunidad”.

Nuestra aspirante aterriza sola en Los Ángeles. Emoción unos días, desolación otros. La ciudad, en sí misma un “set” de cine, puede resultar muy dura. Todo le suena; todo parece familiar porque ve los rincones donde se filmó aquella escena de aquella conocida película.

La joven se topa con profesionales ya instalados que le prometen un papel en un proyecto… que pronto se quedará en nada. Tiene que aprender a “filtrar” contactos promisorios, amistades falsas, expectativas dudosas. Tiene que tener cuidado con la palabrería, con la fachada, con la apariencia. Todo le resulta contradictorio. Los Ángeles tiene sus encantos. Es una ciudad que emite energía por todos sus poros y en la que conviven mil culturas, pero la aclimatación le cuesta lo suyo. Hay semanas que pasan volando, otras que se hacen eternas. La esperanza está en que se pueda presentar a un “casting”, ese proceso de selección de actores por donde empieza, o acaba, toda aventura profesional.

Ni un minuto que perder

Le han llamado. No tiene un minuto que perder. Se pone a trabajar; aprende a desenvolverse con naturalidad y a responder con precisión y soltura. Hay horas detrás de un “casting”. Que si desglosar el texto, que si memorizarlo, que si construir el personaje, que si cuidar su apariencia física, el vestuario, la expresividad corporal… que si el acento, ay!

Nuestra aspirante no puede equivocarse. No puede cometer el error de pensar que con poca dedicación le va a salir una prueba decente. La competencia es feroz. El director del “casting” ha visto ya a decenas de actores para el mismo personaje. O le das algún matiz diferente, o ahí te quedas, guapa.

La aspirante no puede cometer el error de pensar que con poca dedicación le va a salir una prueba decente

A veces la intentona es muy agradable; a veces, muy ingrata. Un día se planta en una sala que le resulta hostil. A ella y a los muchos actores que esperan, notas en mano, a que les indiquen el momento de entrar. Y cuando cruza la puerta, un “buenos días” al que siguen apenas unos minutos de interpretación hasta salir por la misma puerta, esta vez sin un “gracias por venir”.

A veces el actor o actriz tienen la oportunidad de hacer una grabación y presentarla. Lo llaman “self-tape”, que es como el “selfie” pero en lugar de una foto autorretrato es un “autovídeo”.

El problema de los self-tapes es que son un arma de doble filo. El intérprete se queda contento con el resultado porque ha repetido la escena hasta su plena satisfacción. Pero nada más enviar su prueba le asaltan las dudas. ¿Habrán visto los directores de ‘casting’ mi grabación? ¿Harán un filtro de forma aleatoria por la cantidad de grabaciones que reciben? ¿Lo habrán visto entero? Salvo que le llamen, ni ella ni sus representantes lo sabrán jamás.

¿Representantes?

Sus representantes. Nuestra joven necesita, al menos, un agente y un mánager. El primero le consigue el ‘casting’; el segundo guía su carrera en el mundo del espectáculo. Sin ellos, no hay nada que hacer, y menos en Estados Unidos, donde las producciones son infinitas y el ritmo, frenético.

Que la aspirante a actriz acabe encarnando a un personaje no ocurre de la noche a la mañana. Es un proceso muy duro y muy largo. También apasionante y decepcionante. Intervienen un sinfín de sujetos y factores externos que están completamente fuera de su alcance. Y aún consiguiendo la recompensa del papel, la película puede pasar completamente desapercibida y ni siquiera estrenada en tu país de origen.

A veces te quedas muy cerca de ese papel soñado con ese director con el que siempre has querido trabajar. Pero, por desgracia, en esta profesión sólo hay una medalla, y como decía la canción de ABBA, “the winner takes it all” (el ganador se lo lleva todo).

Y es que, como decíamos al principio, lo bueno y lo malo de Los Ángeles es que el éxito está siempre a la vuelta de la esquina, y el sueño, a veces, acaba en pesadilla. Aún así, muchas y muchos lo seguirán intentando.

 

Fuente: El Confidencial