Mi experiencia Cunard

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Experiencia Cunard 

Por: Jaume Aleu

 

Mucho se está comentando estos días sobre la  [mks_icon icon=”fa-external-link” color=”#dd3333″ type=”fa”]celebración del 175 aniversario del primer viaje inaugural del Britannia de la compañía [mks_icon icon=”fa-external-link” color=”#dd3333″ type=”fa”] Cunard, pero yo me centraré en sus barcos del siglo XXI, y concretamente en el barco más emblemático de este siglo el Queen Mary 2, el mayor transatlántico jamás construido, y el único que aún sigue realizando rutas regulares desde Inglaterra a Estados Unidos.

experiencia cunard 175 aniversario

Mi primer experiencia con la Reina de los mares, se produjo el día 8 de enero de 2004, junto a otros 2.000 invitados, entre ellos la madrina de la nave, SAR la Reina Isabel II, unos impresionantes actos realzados por la Queen´s Guard, los cuerpos de infantería y, caballería de la reina. Finalizada la ceremonia, el barco zarpó para un primer viaje con los invitados, para posteriormente iniciar su primer viaje transatlántico.

El domingo día 3 de mayo se reunieron   las Tres Reinas en el puerto de Southampton para dar inicio a las celebraciones por el 175 Aniversario de Cunard.

Un tiempo después realizamos un crucero completo por los fiordos noruegos, donde vivimos la realidad de lo que la compañía ofrece al pasajero y, que intentaré contar en este artículo.

mi experiencia en cunard

Comienza nuestra experiencia

  • El embarque en el puerto de Southampton fue lo primero que me sorprendió, cuenta con cuatro terminales distantes entre sí; Mayflowers, City Cruise Terminal, Ocean Cruise y QEII Cruise Terminal, esta última utilizada mayoritariamente por Cunard para sus barcos. La organización es ágil, rápida y el embarque se realiza en un tiempo record. Al subir a bordo nos encontramos a los bell boys (botones), que tomaron nuestro equipaje de mano y nos acompañaron hasta el camarote.

Lo primero que habitualmente hacemos cuando subimos a un barco, es recorrerlo totalmente, como si hiciéramos una de las clásicas visitas,aquellas que he realizado en infinidad de ocasiones, básicamente para ubicarme desde mi camarote.

Tal como teníamos previsto, el pasaje era de una edad media alta, algo normal por la época del año, a principios de junio. Asistimos a la reunión que había, para personal de habla hispana, una forma de conocer a las personas que hablan nuestro idioma, y que normalmente vienen de nuestro país, y tener un contacto con la asistente internacional, que la compañía ponía para facilitarnos la vida y la experiencia bordo.

La asistente nos dio las primeras informaciones de a bordo en castellano, y nos comunicó que la tendríamos todos los días, tanto en el diario de a bordo como en las informaciones de puerto, y en los restaurantes encontraríamos los menús también en castellano, y si no nos lo ofrecían que los reclamáramos. 

Como es habitual en Cunard, las cenas son siempre con americana, muy british, aunque la corbata es menos frecuente, excepto los días de gala. Como en la época Cunard no ofrecía el turno abierto, se nos asignó una mesa para cuatro, nuestros compañeros eran ingleses, y según pudimos intuir, expertos catadores de vinos, sin ningún conocimiento de español, algo que rápidamente observo el maître, que me rogó si podía hablar con él un momento, preguntándome si prefería una mesa para mi esposa y para mí, solos, sin compartirla con nadie, cosa que acepté y agradecí.

Experiencia gastronómica Cunard

Pasado este primer punto, disfrutamos de nuestra mutua compañía y de una excelente cena. Finalizada la misma nos desplazamos hasta el Queen Room, la sala de baile que encontramos en todos los barcos de Cunard, una verdadera pista de baile, hoy por hoy única a bordo de los barcos de crucero, amenizada por una completa orquesta y, los clásicos compañeros de baile, que sacan a bailar a las señoras que van solas, o aquellas que su esposo o compañero no le gusta el bailar.

  • Quizás algunos recuerden a Jack Lemmon y Walter Matthau en la película “Por rumbas y a lo loco” (Out to Sea) haciendo el papel de dos de estos “acompañantes de baile”, siempre caballeros de un alto nivel cultural, habitualmente jubilados y por descontado de una cierta edad, para no generar malos entendidos. La sala estaba llena de personas que eligen esta compañía, por su espléndida sala.