Sábado 23 de abril de 2016, no es un día cualquiera en Barcelona, es Sant Jordi, el de la rosa y el libro.

 

Por: Toni Bailo

 

Algo más que un día, para más inri sin ser festivo la capital se desborda de gente por todas sus calles, más en las céntricas.

Empezaba el día con una duda, el tiempo, el día anterior lo habían pintado feo, día gris y con mucha posibilidad de agua, pero resulta que San Jordi debió hacer un trato con las nubes para que no descargasen.

Amaneció un día azul y con un sol caliente y radiante, que daba más esplendor a este día en el que las rosas ponen el color y los libros su olor.

Miles de personas, sin que nadie pueda descifrar su número, se agolpaban de buena mañana por sus ramblas, La Rambla de Cataluña, Las Ramblas y por su Paseo de Gracia. Centros confluentes de libros de mil y un autores, conocidos, reconocidos y que hacen de su principio un arte el escribir, hay sitio para todos, no así para quienes queríamos movernos con libertad y éramos engullidos por multitudes desbordadas que incluso en ciertos momentos no eras dueño de tus andadas.

Siempre se ha dicho que las imágenes valen más que mil palabras.

Hoy elegí un autor, Christian Gálvez, novel pero conocido, no he leído nada de él, pero su sonrisa y empatía hacia los demás hacen que des un voto de confianza a una persona muy conocida en otras facetas en la que la palabra hace deshojar a una persona que sabe ganarse a las mismas con su gracia y fluidez, como que disfruta de cuanto hace en su trabajo.

Un detalle, impregna de perfume una de sus páginas.

Un Sant Jordi donde la política no ha fallado, donde ha habido encuentros con matices independentistas y que por morbo he presenciado, incluyendo la presencia del Presidente de la Generalitat y otros personajes de distintos grupos políticos todos afines hacia una Cataluña Independiente.

Apartados de bullicios y estrecheces hemos podido estirar el cuerpo viendo y disfrutando de esas rosas, de cientos de colores y a la cual más hermosa. Dando por concluida la mañana con un merecido descanso entre platos gallegos, como es el pulpo y la oreja entre otros y con merecida siesta, no por kilómetros andados sino por la dificultad en los que los hemos recorrido.

Al final Sant Jordi ha tenido que ceder a esas nubes cargadas de agua que han acabado por deslucir lo que había sido una gran fiesta de color, de personas y de un año más de poder estar ahí.