Experiencia Erasmus en la ciudad de Nimega (Holanda)

0
1746

 

Cinco meses, tres países, nuevas amistades y una infinitud de valores personales adquiridos durante mi experiencia Erasmus en la ciudad de Nimega (Holanda).

 

Por: Adrián Gallardo 

 

Desde finales de 2015 decidí plantearme la cuestión de emprender este viaje; una decisión nada fácil de tomar, pues supone dejar a un lado tu famosa zona de confort, tu familia, tus amigos y todo aquello que conoces como la palma de tu mano y que te hace sentir seguro y en un entorno que puedes manejar. Todo se te echa encima tomando la forma de una montaña de papeleo, inseguridad y muchas, muchas dudas.

Una vez pasada esa etapa, llega el momento de marchar, decir adiós a los conocidos y saludar a los que se encuentran tan perdidos como tú en una ciudad donde no sabes dónde ir a comprar, qué hacer o cómo moverte. La última cuestión fue sencilla: la bicicleta. Si por algo se caracteriza Holanda es por la facilidad de trasladarte sin necesidad de usar coche o transporte público. Tú eres quién decide el cuándo y el cómo. La bicicleta en Nimega formó parte de mí como una extremidad más de la que dependía en todo momento, dándome una sensación de libertad y autonomía acompañada del ejercicio físico que realizaba cada día. Además, para más facilidades, Holanda es completamente llana, muy diferente de la geografía española, y repleta de carriles bici y aparcamientos para estas compañeras.

Cuando se resuelven las cuestiones básicas de supervivencia y empiezas a sentirte cómodo, llega algo que te golpea con fuerza: la universidad. Todo se te viene abajo cuando no entiendes nada, almacenas grandes cargas de trabajo en otro idioma y te sientes de nuevo vulnerable. Entonces sabes que es el momento de afrontar la situación y demostrarte que eres capaz de superar cualquier reto que se te ponga por delante; al fin y al cabo, todo el mundo está en la misma situación que tú, salvo que enseguida te percatas de que el inglés de los españoles deja bastante que desear.

DSC_0086 (2)

Nimega es una ciudad de estudiantes, y gracias a sus programas internacionales alberga jóvenes de todas las nacionalidades del globo, lo que permite un intercambio cultural inmenso tanto del lenguaje, la gastronomía, las costumbres y los valores propios de cada comunidad. Esta experiencia es crucial para superar ciertas barreras, miedos y estereotipos, y en definitiva, para abrir la mente al concepto de que todos somos iguales pero totalmente distintos, y que la convivencia intercultural es perfectamente posible y muy positiva para desarrollarse como persona.

Si parecen pocas las ventajas de este país, además se ofrece la posibilidad de viajar muy barato si lo haces en grupo. Toda Holanda está conectada por vías de tren o autobuses, y es muy sencillo ir de un punto a otro en transporte público. En mi experiencia personal tuve la suerte de poder realizar viajes cada fin de semana gracias al precio reducido, y pude visitar lugares como Giethoorn (la ‘Venecia de Holanda’), Ámsterdam, Utrecht, Rotterdam o La Haya, entre otros, y así descubrir los mercadillos, la vida local y los lugares más emblemáticos de este país. Además, tuve la ocasión de descubrir ciudades y pueblos de Bélgica y Alemania gracias a tarifas baratas de transporte público internacional.

Nimega es muy pequeña, y prácticamente carece de valor turístico puesto que el mayor atractivo es estudiantil. A la hora de residir, también se ofrecen facilidades, ya que por la ciudad se encuentran repartidas numerosas residencias gestionadas por la Oficina Internacional. Sin embargo, no son del gusto de todos, puesto que en un mismo piso, dependiendo de la residencia, puedes convivir con cuatro o hasta dieciséis personas. En mi caso fuimos quince, y no puedo concebir Nimega sin la experiencia de la convivencia. Italianas, belgas, españoles, japonesas, chinos, americanos, inglesas, rumanas, alemanas e irlandesas compartimos piso durante los cinco meses que residí en Holanda. Cada residencia era como un pequeño pueblo donde se hacía realmente la vida, las mejores fiestas y las cenas internacionales, y todo lo que llegas a compartir, vivir y sentir con ciertas personas llega a ser indescriptible y forma parte de ti durante el resto de tu vida.

En resumen, la experiencia de ‘apartarlo’ todo por un tiempo, trasladarse a otro lugar completamente distinto y empezar de cero es, desde mi punto de vista, totalmente recomendable y casi obligada para todos aquellos que tengan la oportunidad y la posibilidad de realizarla. Tanto lo bueno como lo malo ayudará a sacar lo mejor de ti y a desarrollar una capacidad resolutiva frente a diversos problemas. El hecho de superar ciertos retos o el acabar desenvolviéndote con soltura en otra lengua te harán sentirte orgulloso de ti mismo y capaz de afrontar cosas similares o peores en el futuro. Sin embargo, fuera de lo académico o profesional, lo que te llevarás contigo a tu vuelta será mucho más importante e inolvidable: grandes amistades, recuerdos, anécdotas y nuevos valores que harán que veas el mundo como un lugar más pequeño y accesible, y sobre todo, más humano.