Cuatro hoteles en España donde el otoño te gustará aún más

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Vistas al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, todo el Prepirineo a tus pies, a la sombra del monte Ulía y con la promesa de Urgull e Igueldo, o en lo más verde de Santiago de Compostela. 

 

¿Cómo se te ha quedado el cuerpo? Y eso que no has visto aún estos hoteles. Aquí el otoño te gustará aún más. Ya lo verás.

1. La Vella Farga, en Solsona (Lérida)

La cuadratura del círculo, más o menos eso es el hotel La Vella Farga. Un lugar, diremos mejor refugio, con acusada tendencia al barroquismo y perdido en medio de la más privilegiada naturaleza. La sofisticación en pleno campo. Los Dolce&Gabbana bajo el espino blanco. Se trata de una masía catalana del siglo XI reconstruida y alojada en una paraje de más de 300 hectáreas en el que caben bosques de pinos, prados y olivos centenarios. Y nada menos que en el Prepirineo catalán. Un total de 13 habitaciones hechas de piedra, suelos de madera y diseño contemporáneo, con terraza, porche o incluso jardín privado, a las que hay que sumar, en una operación con resultado maravilloso, una piscina desbordante climatizada, rodeada de verde y más verde.

Una curiosidad: su restaurante ofrece entre semana un menú de mercado con productos de proximidad por 25 euros. Los fines de semana y viernes por la noche, se puede elegir entre la carta de autor o el itinerario gastronómico del chef que pasa por un aperitivo y nueve platos (75 euros).

No dejes de… perderte por la finca, entre robles, arces y compañía, ni de salir en busca de joyas del románico, del gótico y del barroco. Las encontrarás. Y no olvides: estás a 822 metros de altitud y en el Solsonés, conocida como la comarca de las mil masías.

2. Villa Soro, en San Sebastián

No estamos en el campo campo, pero como si lo estuviéramos. Porque el hotel Villa Soro, que es toda una institución en la ciudad del Urumea, está en la verdísima y sombreada avenida de Ategorrieta, que es la que te llevará al centro y te sacará hacia Pasajes, Hondarribia e Irún, pasando por supuesto por Arzak, por si es la hora de comer. Es más, esta arteria urbana está a los pies del monte Ulía, que es una de las ‘cumbres’ de San Sebastián, junto a Igueldo y Urgull, llena de hortensias, con albergue donde dormir y comer, y con unas vistas de escándalo, francamente. Pues esta es una villa aristocrática del siglo XIX a la que rodea un coqueto jardín y que consta de dos edificios clásicos, uno de ellos de 1898. Dormir en una de sus 25 habitaciones es un lujo. Sobre todo en la individual, de 21 metros cuadrados, mirando el Ulía. Ponen a tu disposición una bicicleta, que aquí es lo más.

Una curiosidad: acaba de ser redecorado por la interiorista Bárbara Aurell, que ha mantenido la esencia de la casa. Por ejemplo, se han integrado tres espacios en uno: salón, bistró y zona de lectura, y se ha llevado a cabo un gran trabajo de ebanistería y restauración de los frisos. La villa sigue siendo un clásico, modernizado pero clásico.

No dejes de… bajar a San Sebastián, llegar a la Zurriola y conquistar el Kursaal para luego sumergerte en lo Viejo, salir al puerto, mirar los barcos, continuar hasta la Concha, contemplar la isla y seguir hasta el Peine del Viento, para terminar cogiendo el funicular que te llevará a Igueldo.

3. Finca Fuente Techada, en Sotosalbos (Segovia)

No podía ser más bucólico ni estar más a mano si tu punto de partida es Madrid.  Este hotel es en realidad una finca de 11 hectáreas, pobladas de avellanos, madroños, guindos, fresnos y robles, con laguna de 2.500 metros cuadrados y dos arroyos. ¿Un paraíso? Exacto. Y todavía queda hablar de sus vistas a la sierra de Guadarrama con la iglesia románica de San Miguel de Sotosalbos y el monasterio de Santa María de la Sierra como telón de fondo -todo de postal-. Y de la casa en sí, que tiene cinco habitaciones dobles y una suite familiar, un patio cubierto abarrotadito de plantas, un salón con chimenea y biblioteca y un porche de madera muy campero. Redondean la bucólica escena las ovejas, los caballos y la burrita Malva.

Una curiosidad: las ventanas son de la primitiva maternidad de O’Donnell de Madrid, las puertas interiores de casas de los barrios madrileños de Salamanca y Chamberí, las vigas del desaparecido monasterio vallisoletano de Nuestra Señora de la Laura, del siglo XVII, y cosas así. Una oda al reciclaje.

No dejes de… visitar la preciosa aldea de Sotosalbos, dejarte caer por Sepúlveda o Pedraza y hacer una excursión por las Hoces del Duratón.

4. Costa Vella, en Santiago de Compostela

Es verdad que este hotel está en la ciudad vieja de Santiago de Compostela, pero también que lo rodea la naturaleza de su jardín, con fuentes, limoneros y manzanos, que pone el verde a sus centenarias piedras. Desde sus habitaciones no se ve la sierra, pero sí esas calles que acumulan siglos de antigüedad y esos edificios monumentales, y se escucha lo mismo el canto de los pájaros que las campanas de la catedral, que no es cualquiera. Para nuestra fortuna se ha respetado la arquitectura tradicional. Por descontado, las delicias que se sirven a la hora del desayuno son gallegas.

Una curiosidad: a pocos metros del hotel está el Museo do Pobo Galego, que cobija el Panteón de Gallegos Ilustres, donde descansan los restos de Rosalía de Castro, por ejemplo.

No dejes de… perderte por las calles del casco histórico atendiendo a las fachadas, gárgolas y aldabas de los pazos urbanos. Ni de visitar el Mercado de Abastos, que es el templo de mariscos y pescados, o dar un paseo por el jardín decimonónico de la Alameda de Santiago.

 

Fuente: msn estilo