Todo un invento, “un fiestón”. La cosa consiste en meter a 800 nostálgicos en una ciudad flotante y mezclarlos con estrellas de la época, como Danza Invisible, La Guardia o La Unión

 

Roberto Canosa ha cambiado algo, pero no mucho. Sigue llevando ese aire “informal” de los chicos bien de los años ochenta. Este hombre, que ahora está en la puerta de un bar sosteniendo una lista de invitados, tiene más de 50 años y es el organizador del crucero ochentero.

“Al principio, a los grupos les daba un poco de susto eso de meterse en un buque con los fans, todos ahí, encerrados, pero luego le han cogido el gusto y están encantados de repetir después de tres exitosas ediciones”, dice Canosa.

El barco zarpa el próximo 30 de abril desde Barcelona. Pero esta es la presentación del evento, una fiesta en un pequeño local. En la publicidad, se decía que contaría con la presencia de “Armando, ¡el mejor tarotista llegado directamente desde Buenos Aires!”, pero pasadas las 10 de la noche Armando no ha hecho acto de presencia. Quien sí está acodado en la barra es Luis Livingstone, líder del grupo Dr. Livingstone, supongo, y uno de los maestros de ceremonias del evento. Luis es un hombre simpático, amable y hablador. Al margen de haber dejado para la historia tres grandes ‘hits’ que llegaron a número uno de Los 40 Principales. Se ha encargado, por segundo año consecutivo, de componer el himno del crucero. Una tarea que ha compaginado estas últimas fechas con preparar la música del anuncio que conmemora la incorporación de las mujeres al ejército hace 30 años.

El temor a esos fans enfervorecidos era lo que echaba para atrás al líder de La Unión, hasta que lo probó el año pasado y se quedó “encantado”

La idea surgió hace cuatro años y desde entonces no ha hecho más que crecer. El floreciente negocio de la nostalgia funciona y un nutrido grupo de cuarentones han acogido con entusiasmo el formato. Todos los días que dura el viaje hay tres horas de conciertos de grupos célebres hace más de 30 años. Cada uno toca pocas canciones, “las más famosas”. También se hacen fiestas temáticas, de karaoke, de disfraces, en la piscina… Y los artistas se mezclan con los participantes. “Es una gran experiencia. Además, la gente no te agobia porque te va a tener toda una semana cerca y no siente esas prisas de cuando te ve en un bar”, explica Livingstone, que desvela que el temor a esos fans enfervorecidos era lo que echaba para atrás al líder de La Unión, hasta que lo probó el año pasado “y se quedó encantado”.

A diferencia de otros cruceros temáticos enfocados a la fiesta, en el caso del buque ochentero, “nunca hay problemas de follones, peleas, borrachos o de drogas”, explica su promotor, que además de elucubrar con los efectos del oleaje para amortiguar los efectos alcohólicos, apunta a la edad y sensatez de los participantes. “La gente bebe bastante porque es un rollo en plan bar, pero no hay movidas”, resume. Todos los que han estado coinciden en que las personas que participan son “un gran público” porque tienen “una actitud muy lúdica y vienen a pasarlo bien, no a hacer el cafre”. De hecho, según el promotor, se acuestan a las cuatro de la madrugada tras apurar la fiesta, pero casi todos se levantan a las ocho de la mañana al día siguiente para ir a las excursiones programadas.

Su mayor exceso, los cubatas

Otro de los motivos por los que la idea está teniendo un creciente éxito es porque “te desenganchas del móvil durante una semana”, según comenta con humor una mujer que ha ido los tres años anteriores… mientras manda un mensaje desde su teléfono. “La gente ya tiene una edad y trabajos y vidas a veces estresantes, y el hecho de estar en el mar sin cobertura es otro aliciente más”. Las personas que acuden a este evento se alejan mucho del perfil juvenil que “desfasa y se mete de todo”. De hecho, la mayoría son madres y padres de familia cuyos mayores excesos “son los cubatas”.

La gente tiene muy buenos recuerdos, porque es donde se ligaba antes y donde alguno conoció a la mujer de la que ahora se ha divorciado

Juan Pérez Payá está detrás de una pequeña mesita cubierta de camisetas empaquetadas. Este hombre de 53 años tuvo un infarto hace dos y abandonó el mundo de la noche “después de habérnoslo bebido todo y habérnoslo esnifado todo”. Se le ocurrió explotar la nostalgia de la época de su juventud. Registró la marca I Love Eighties y vende gorritas, tazas y otros objetos. También registró los nombres y logotipos de locales de copas míticos de aquellos años y con ellos ha hecho camisetas. Por ejemplo, de la discoteca Oh! o de Four Roses, o de Rockola o de Keeper. “La gente tiene muy buenos recuerdos, porque es donde se ligaba antes y donde alguno conoció a la mujer de la que ahora se ha divorciado”, dice Juan, y suelta una risotada. Su empresa es una de las patrocinadoras del crucero ochentero, que este año batirá su récord de asistencia, ya que han contratado muchas más cabinas que en los precedentes.

El negocio de los cruceros generó en 2015 39.600 millones de dólares (algo más de 32.000 millones de euros), transportando a cerca de 23 millones de pasajeros en todo el mundo y proporcionando alrededor de un millón de empleos a nivel global.

Fuente: El Confidencial