El buque crucero universitario más ecológico se diseña en Getxo

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El Ecoship, que será un aula flotante, tendrá capacidad para 2.000 pasajeros

 

La firma vasca especializada en diseño y arquitectura naval Oliver Design ha sido seleccionada por la ONG japonesa Peace Boat -conocida mundialmente por su compromiso con el medio ambiente y candidata al Premio nobel de la Paz-, para diseñar su último gran proyecto con el que pretenden cambiar la industria de los cruceros.

Con el objetivo de «demostrar a armadores y constructores que es posible lograr un transporte naval más sostenible», cuenta el fundador e ingeniero naval de la compañía vasca, Jaime Oliver, nace la idea de este crucero de alta gama respetuoso con el medio ambiente que el armador espera que comience a surcar los mares en 2020 -coincidiendo con los Juegos Olímpicos de Tokio «donde se utilizará como barco hotel»-, y en el que la empresa getxotarra jugará un papel crucial.

«Es un crucero único en el mundo que está abierto a todas aquellas personas que, durante los 90 días que dura cada viaje, quieran formarse»; ya que, como el propio arquitecto explica, «su función no es otra que servir de universidad flotante». Las aulas, auditorios, laboratorios, salas de reuniones y escuela de idiomas, sustituirán así a las discotecas, casinos y salas de fiestas de los cruceros convencionales: «El pasajero no va de vacaciones sino a aprender con algunos de los mejores catedráticos y especialistas internacionales y trabajar con vistas a optimizar los recursos»; aunque matiza, «también hay espacio para el ocio y dispondrán de tiempo libre para, por ejemplo, darse un masaje o despejar la mente practicando yoga».

Un proyecto en el que la firma Oliver Design lleva trabajando desde octubre de 2012 cuando el CEO se enteró en la Feria International Cruise Summit de Madrid de que Peace Boat estaba buscando un diseñador para su proyecto. «Lo importante no es tener muchas ideas, sino la idea oportuna en cada caso», dijo el periodista uruguayo Juan Zorrilla de San Martín; en el caso de Oliver fue una mezcla de coincidencia y visión lo que le permitió desarrollar de una escena desgraciada -como fue la presencia de una ballena varada en la playa donostiarra de La Concha por donde paseaba-, un boceto con el que se espera cambiar el futuro de una industria que -desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) y distintas ONG-, llevaban tiempo advirtiendo de la necesidad de encontrar una solución para reducir la contaminación ambiental que genera. Se estima que el Ecoship reducirá hasta un 40% las emisiones de CO2 respecto a un barco de similares características gracias, cuenta Oliver, a que «contará con unos motores híbridos que se alimentarán alternativamente con diésel y gas natural licuado», lo que supondrá la reducción de hasta un 20% en consumo de combustible. Para lograrlo, el diseño del casco y del exterior del buque han sido claves ya que «su forma hidrodinámica facilita una menor resistencia al aire facilitando su avance», lo que permite recurrir menos al fuel.

La reducción de emisiones de CO2 no es la única razón por la que el Ecoship se ha ganado el título de «proyecto revolucionario». Incorporará también los últimos avances en cuanto a gestión de residuos, así como propuestas de diseño arquitectónico basados en la Biofilia, «lo que propugna el máximo aprovechamiento de elementos naturales como el aire, la luz y el agua, así como materiales y diseños basados en la propia naturaleza», explica Oliver. Del mismo modo, y con el fin de concienciar a los pasajeros y a la tripulación para que reduzcan su gasto energético diario, «en cada camarote habrá un contador eléctrico que les permitirá ser conscientes de cuánto gastan cada vez que ven la tele, se duchan, mantienen las luces encendidas o conectan el aire acondicionado, por ejemplo».

Aunque, sin duda, el gran reto del proyecto para el que se ha contado con la colaboración del ingeniero naval alemán, Detlev Loell, ha sido la incorporación en la parte superior de la cubierta de 10 grandes elementos retráctiles «forradas con paneles solares» que -en condiciones de viento favorables-, pueden operar como grandes velas. «Estos dispositivos permiten ganar impulso y generar energía a través de la luz solar simultáneamente », cuenta el empresario: «Lo ideal sería navegar utilizando sólo las velas como propulsores evitando el uso de combustible»; pero hasta ahora sólo han conseguido que las velas contribuyan a un ahorro energético «de entre el 10% y el 12%», se lamenta.

Por otra parte, la energía que captarán los 6.000 metros cuadrados de paneles solares que habrá distribuidos a lo largo del trasatlántico, con una potencia de 750 kilovatios (kW), «se almacenará y se distribuirá para cubrir el gasto del aire acondicionado, el alumbrado o calefactor, entre otros». Además contará con un sistema de captación de agua de lluvia que «abastecerá los jardines interiores y exteriores, plantas, huertos y cascadas» y se reciclará «la mayor cantidad de residuos que se generen». Así pues, termina: «Todo está pensado para optimizar y reutilizar los recursos».

La incorporación de las más avanzadas tecnologías energéticas y el hecho de que se realice por primera vez en un buque de gran tonelaje (alrededor de 60.000 toneladas) -con capacidad para albergar hasta 2.000 pasajeros en sus 750 camarotes-, en vez de en un navío experimental lo hacen «único», cuenta Oliver, que cree que servirá como ejemplo para «futuros proyectos navales y constituirá un punto de inflexión para la industria».

El Ecoship, que comenzará a construirse «a principios del próximo año en el astillero finlandes Artech», acogerá exposiciones sobre tecnología verde en los 100 puertos donde se espera que haga escala cada año y servirá como laboratorio flotante que contribuirá a la investigación sobre el océano, el clima y las tecnologías ecológicas. Así, ha explicado Oliver, se logrará cumplir un doble objetivo: «Desarrollar programas de cooperación al tiempo que se fomenta el turismo responsable».

Fuente: El Mundo